Su regustillo a caramelo y su limitada producción de menos de una tonelada al año explican su desorbitado precio. De hecho, el Luwak, que vive en los cafetales, come granos de café, pero incapaz de digerirlos totalmente, los expulsa
casi inalterados. Bueno, no exactamente, en realidad, es ahí donde radica el secreto del delicioso Kopi Luwak. Cuando los granos pasan a través del sistema digestivo del animal, se someten a un tipo de fermentación debido a la acción de las enzimas y ácidos del estómago que descomponen algunas proteínas en moléculas más pequeñas. El resultado es : un incomparable sabor dulce y acaramelado.
Demandado en perfumería por el almizcle de su fluido perineal y buscado en peletería por su piel rayada y punteada, este animal es sobre todo apreciado por sus excrementos.



