Una visita al mercado con la visión de un magnífico ejemplar de lubina ha decidido el almuerzo.
Ahí va la Lubina a la salvia:
Lo primero es decirle al pescaero que te prepare la lubina para la espalda ya que mi hambre era un hambre primitiva, sin necesidad de artificios, hoy estaba antojado de pescado con hierbas, es lo que me pide el cuerpo al final del invierno, sin florituras, mar o piscifactoría y tierra, azul y verde, fósforo y clorofila si nos ponemos más químicos.
Se machacan en el mortero unas hojas de salvia con pimientas de distintos colores, tallos de cebollino, dos dientes de ajo, orégano fresco, la rayadura de la mitad de un limón y su jugo junto con un chorreón de aceite de oliva para amalgamar.
Refregamos los lomos del pescado, una vez salado, con la pasta resultante y se coloca en una sartén, previamente caliente con aceite de oliva(V.E.) por supuesto. Media copa de vino blanco, en este caso mosto de Manzanilla, y se tapa para depués bajar el fuego a intensidad media. Unos diez minutos después quedará a punto.
Y como dije antes así ha quedado y así lo dejo sin más, los adornos quedan pendientes para otras ocasiones más sofisticadas.
Un Mouro para acompañar y un par de g&t de postre hacen que este medio sábado haya pasado por mi vida con la suficiente dignidad.







